sábado, 25 de octubre de 2008

Filobiblion

No se me ocurre mejor manera de comenzar estos artículos en referencia a diversos textos literrios que haciendo una breve reseña de este maravillo libro, el Filobiblion (Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros) de Ricardo de Bury (1287-1345), el canciller de Inglaterra también conocido como Richard Aungerville. Personaje polifacético, fue tutor del príncipe de Gales y obispo de Durham.

Como el propio nombre del volumen indica, toda la obra está consagrada a justificar y exponer el gran amor del autor hacia los libros, así como la utilidad y el valor de éstos. Ricardo de Bury cita constantemente a autores antiguos, como Virgilio o Aristóteles; éste último queda completamente encumbrado (el escritor se refiere a él como el príncipe de los filosófos, el archifilósofo o el Febo de los filósofos).

El texto de Ricardo de Bury es de una hermosura incalificable y destila verdadero amor al saber escrito en todas sus páginas. La obra se divide en un total de XX
capítulos más un prólogo. Refiero aquí el título de cada uno de ellos, ya que puede resultar ilustrativo para explicar cómo se halla estructurado el libro y qué temas se tratan concretamente:

I. Recomendación de la sabiduría y de los libros, en los que habita la sabiduría.
II. Este capítulo segundo dice que los libros deben ser preferidos a las riquezas y los placeres corporales.

III. Que los libros deben comprarse siempre, salvo en dos casos.

IV. Cuántos bienes proceden de los libros y cuán ingratos son los malos clérigos con los libros.

V. Que los buenos religiosos escriben libros, mientras que los malos se ocupan de otras cosas.

VI. De la alabanza de los primeros religiosos mendicantes, con la reprensión de los primeros.

VII. Llanto por la destrucción de los libros a causa de las guerras e incendios.

VIII. De la multiplicidad de oportunidades del autor, para recoger libros por doquier.

IX. Que los estudiantes antiguos aventajan a los modernos en el ansia de aprender.

X. Que la ciencia creció gradualmente hacia la perfección, y el autor se ocupó de la gramática griega y hebrea.

XI. Que las leyes propiamente no son ciencias ni libros.
XII. De la utilidad y necesidad de la gramática.

XIII. De la justificación de la poesía y de la utilidad de la misma.
XIV. De aquellos que de modo señalado deberían amar los libros.

XV. De los múltiples efectos de la ciencia que en los libros se contienen.
XVI. De cómo se han de escribir libros nuevos y reparar los antiguos.

XVII. De cómo se han de tratar y colocar los libros con pulcritud y limpieza.

XVIII. El autor contra sus detractores.

XIX. De la prudente reglamentación sobre cómo conceder libros a los extraños.

XX. El autor pide oraciones y señaladamente enseña a orar a los estudiantes.


Les dejo un fragmento del
Filobiblión, a mi juicio uno de los más interesante y hermosos, acerca de la destrucción de los libros por motivo de conflictos bélicos:

"Altísimo autor y amante de la paz, disuelve a las gentes que quieren las guerras, las cuales hacen más daño a los libros que todas las pestes juntas. Pues, como la guerra carece del juicio de la razón, produce movimientos de furor entre los adversarios, y, mientras prescinde de los dictados de la razón, avanzando sin discriminación alguna, destruye los vasos de la razón. Y es entonces cuando el prudente Apolo se somete a Pitón; entonces Frónesis, al parir, se convierte en frenesí y queda sujeta al poder del frenesí; entonces el alado Pegaso es encerrado en el establo de Coridón, y el elocuente Mercurio estrangulado; entonces la sabia Palas cae herida por la aguda punta del error, y las alegres Piérides son suprimidas por la atroz tiranía del furor [...].

Ciertamente no tenemos lágrimas suficientes para llorar por todos los libros que han perecido en las diversas partes del mundo a causa de las guerras. Sin embargo, con lúgubre pluma recordaremos aquel horrible estrago que, en la segunda guerra alejandrina, las tropas auxiliares cometieron en Egipto, donde las llamas devoraron los setecientos mil volúmenes que los reyes Tolomeos estuvieron coleccionando durante largos años, como relata Aulo Gelio en el libro sexto capítulo XVI de las Noches Áticas. ¿Cuántos hijos de Atlantes se piensa que perecieron aquel día, con los movimientos del orbe, las conjunciones todas de los planetas, la naturaleza de la galaxia, las generaciones pronosticadoras de los cometas, y finalmente todo lo que sucede en el cielo o en el éter se contiene. ¿Quién no se horrorizaría de tan infausto holocausto, en el que se ofrece tinta en vez de sangre?

Las nieves blancas del pergamino crepitante florecían de sangre allí donde las voraces llamas consumieron tantos miles de inocentes, en cuya boca no se encontró mentira; donde el fuego, que nada perdona, redujo a fétida ceniza tantos escritos de verdad eterna".

[Fragmento del capítulo VII del
Filobiblion, traducción de Emilio Pascual Martín].

4 comentarios:

Rocío dijo...

Buena la has hecho...
¡Me encanta el blog! Ya me tendrás aquí pendiente de ver qué vas a poner cada día.
A veces se me pasa por la cabeza que un incendio pudiera destruir mi casa y mi mayor dolor sería perder los libros.
A ver cómo encuentro éste, que ya me ha picado el gusanillo.
Besos.

M@riel dijo...

Hola, Rocío:
Yo también comparto esa clase de temores... perder los libros sería una tragedia tremenda. Gracias por tu visita. Un fuerte abrazo.

El llano Galvín dijo...

Mucha suerte con tu nuevo blog! Yo también soy un gran amante de la literatura y no sé que sería de nosotros sin los libros; quizá todo se pareciese al mundo propuesto por Fahrenheit 451.
No conocía el libro que propones, pero la cita que recoges es preciosa. Yo te paso otra de "El hereje" de Miguel Delibes que habla del temor a la lectura, absoluto síntoma de incultura:
"La afición a la lectura ha llegado a ser tan sospechosa que el analfabetismo se hace deseable y honroso. Siendo analfabeto es fácil demostrar que no está incontaminado y pertenece a la envidiable casta de los cristianos viejos".
Gracias por compartir tus lecturas favoritas, seguro que será una buena fuente de intercambio de lecturas más que recomendables.
Un abrazo!!!

M@riel dijo...

Gracias por esta visita y por esta maravillosa aportación; me encanta Miguel Delibes y el fragmento que nos has dejado hoy da para meditar. Un abrazo.