miércoles, 29 de octubre de 2008

Holocausto, de Gerald Green

Acerca de este trágico momento de la historia de la humanidad se han escrito multitud de libros, tanto de ficción -aunque siempre basados en una realidad- como estudios y ensayos destinados a analizar tan dramático episodio.


Hoy deseo recomendarles una novela que, personalmente, me ha parecido extremadamente interesante, al tiempo que desgarradora. Les hablo de Holocausto, libro escrito por Gerald Green. No es una novela destacable por la maestría literaria del autor ni por su belleza. En realidad, esta narración crea en el lector una incomensurable sensación de desazón y tristeza que puede llegar a resultar desgarradora, pero al tiempo lo sorprende con escasos momentos en los que prima el valor o la ternura.

El enfoque de la obra es de especial interés. En la novela se combinan dos voces principales, la de un muchacho judío, Rudi Weiss y la de un oficial nazi, Erik Dorf. El primero de los personajes nos cuenta su historia una vez transcurridas ya décadas y en su narración se entremezclan los recuerdos y las vivencias con una infinita tristeza. Hijo de un médico judío, huye de su ciudad en cuanto empiezan las persecuciones y su hermano es detenido. A partir de ahí, se desplaza por varios países de un modo clandestino y se salva del funesto final al que son condenados todos los miembros de su familia. Erik Dorf, por su parte, no es más que un oficial alemán que progresivamente se ve participando en lo que los altos cargos llaman eufemísticamente "Solución Final", al principio con repugnancia y rechazo, mas luego completamente imbuido de que asesinar indiscriminadamente a judíos es necesario para la patria y en modo alguno reprochable. Realmente es aterrador asistir a esta transformación de la psique de uno de los protagonistas; el lector contempla a un hombre bueno transformarse en un verdadero monstruo y no puede menos que preguntarse por qué, cuestión que queda en el aire, sin respuesta aparente.

Les dejo un fragmento en el que Erik Dorf, en el momento previo a ser llevado ante un tribunal a causa de sus numerosos y detallados crímenes de guerra, se comporta de esta manera ante aquellos que van a interrogarlo y juzgarlo. El fragmento se integra en una carta que es enviada a Rudi Weiss por un jefe de los Servicios de Inteligencia.

"Dorf era un hombre de unos treinta años, delgado, bien constituido, de aspecto agradable. Al principio parecía algo inquieto y nervioso, pero tan pronto como descubrió que lo podía hablar alemán con fluidez, se relajó, sonrió y al instante se mostró en extremo simpático y abordable. En modo alguno daba la impresión de un hombre complicado en un genocidio.

Fue uno de los muchos criminales de guerra que interrogué y, naturalmente, conservo registros de ellos. Es posible que encuentren algunos expedientes en alguna parte, y en el caso de que Dorf hubiera comparecido a juicio, probablemente le habría sido posible localizar mi interrogatorio. Pero trataré de reconstruir lo mejor posible la orientación de nuestros intercambios.

Teníamos un expediente sobre el comandante Erik Dorf y su nombre aparecía en numerosas cartas e informes relativos a los judíos, en especial cuando llegó a ser ayudante de Reinhard Heydrich. Por tanto, estábamos enterados de que no se hallaba relacionado casualmente con todo ello.

Dorf seguía insistiendo en que no había sido más que un empleado más o menos encumbrado, un correo. Afirmaba ignorarlo todo sobre las supuestas atrocidades y asesinatos en masa, pero yo, siendo oficial, comprendía que a menudo los espías y saboteadores, así como los criminales, eran condenados a muerte.

Entonces le mostré varias docenas de fotografías de los campos de exterminio y le pedí que me hablara de ellos. Estoy seguro de que usted habrá visto esas foros, y no las habrá olvidado... cuerpos amontonados como si fueran leña, montañas de ceniza, la gente desnuda, alineada delante de las cámaras de gas, los ahorcamientos en masa. Adujo no tener conocimiento directo de todo ello. Siguió insistiendo en que los muertos eran probablemente guerrilleros, bandidos, gente condenada a morir a causa de sus actividades, no por su origen racial.

Dorf dijo, y recuerdo que lo repitió varias veces, que no sentía animadversión personal alguna contra los judíos y que, de hecho, hubo un tiempo en que acudía a un médico judío en Berlín [el padre de Rudi Weiss] y que más bien admiraba al doctor.

Entonces le pregunté si estaba enterado de que, cuando los últimos Sonderkommandos empezaron a limpiar Auschwitz, descubrieron que uno de los pozos crematorios abiertos tenía una capa de cuarenta y cinco centímetro de grasa humana. Hizo un gesto con la cabeza. Parecía dar a entender que corrían toda suerte de historias extrañas.

Sus modales seguían siendo afables, cordiales, exactamente los de un hombre educado -me hizo observar que era licenciado en Derecho- e insistía, una y otra vez, en que él se había limitado a transmitir órdenes y que eran otros quienes llevaban a cabo la política referente a los judíos y otras minorías.

Por último, y al mostrarle fotografías de un grupo de niños judíos muertos, evidentemente por disparos de las Einsatzgruppen y apilados en una fosa común, le informé que disponíamos del testimonio de veinticuatro personas, alemanes y no alemanes, que le habían visto presenciarlo y actuando con capacidad oficial en las cámaras de gas, en los hornos y en los fusilamientos masivos. Incluso había un testigo que alegaba haber visto al propio Dorf matar a una mujer judía en Ucrania, respondiendo a un desafío del coronel Paul Blobel.

Llegados a este punto, Dorf pareció perder su actitud serena. Comenzó una inacabable explicación de cómo se había hecho necesario destruir a los judíos, considerando que eran enemigos de la Cristiandad, agentes del bolchevismo, los enemigos mortales de Europa, un verdadero virus, y así sucesivamente.

-¿Y los niños, comandante? -le pregunté-. ¿Por qué asesino a los niños?

Repuso que, por muy lamentable que hubiera sido, si se hubiese permitido vivir a los niños, habrían vuelto a formar el núcleo de un nuevo ataque contra los alemanes. El Führer lo había expuesto todo claramente. Si está familiarizado con algunos de los testimonios presentados en Nuremberg, recordará que Otto Ohlendorf, que también era un joven atractivo, inteligente y educado, admitió libremente que había ordenado el exterminio en Crimea de noventa mil judíos y adujo el mismo razonamiento".

Una pequeña nota: En 1974 se rodó una serie homónima basada en la novela, que aún hoy puede encontrarse en DVD. Se la recomiendo fervientemente.

6 comentarios:

El llano Galvín dijo...

Leí este libro siendo adolescente y no me ha dejado una huella perecedera, quizá sea por el tema que no es de los que más me satisfacen. Creo que el holocausto nazi se ha convertido en un objeto comercial y llega a hastiarme. De todos modos en su momento he de reconocer que me gustó.
Escribes muy deprisa, unos días sin echar un ojo al blog y ya tienes colgados varios posts. Interesantes por cierto. Un saludo!!!

M@riel dijo...

A mí, sin embargo, el holocausto, bien sea en ensayo o en novela, continúa interesándome e impactándome, aunque evidentemente depende del libro en cuestión.
¡Un saludo!

KatyK Milenita dijo...

yo creo que el tema del holocausto no se puede olvidar, debemos ser consientes de la brutalidad de los nazis contra los judios, ya que hay personas inmorales que afirman que nunca pasó y otras "ignorantes" que no solo les cree sino que estan de acuerdo con la filosfia nazi, libros como el de Gerald Green nos abre los ojos a una realidad que no solo ya paso sino que es latente entre nosotros

Anónimo dijo...

Encontre el libro en una venta callejera de artículos usados, cuando lo ví, estava desarmado, sin cubierta y estropeado por el tiempo. Al leerlo me sorprendio que detras de esas páginas amarillentas y emplovadas, se escondía una historia interesante, verídica y extremadamente cruda. terminado el libro me dediqué a su restaración y lo recomiendo cada vez que puedo. su simpleza literaria lo hace ameno por lo cual es sumamente intereesante de leer, ya que se centra en el tema en sí, no perjudicando el entendimiento con palabras rinbombantes.

Derecho y administración publica dijo...

Al leer esta libro, han rodado por mi rostro unas cuantas lagrimas y me lleno de sentimientos extraños. Este libro me ha abierto otra ventana en la vida, me ha mostrado en contexto en que se vivió la guerra, me mostró lo que mas películas no muestran. Me dijo que para la época nadie podía decir que no se supiera que era lo que estaban haciendo con los judíos, también que los judíos no hacían nada por defenderse.

Este uno de esos libros que alimentan el alma.

Mónica dijo...

es un libro realmente desgarrante, en muchas oportunidades estuve a punto de llorar con los detalles de las torturas realizadas a lo judios. Aunque muchos tomen esto como comercial, no hay que olvidar que realmente ocurrió y parece increible cuanta maldad y falta de piedad que podemos tener los humanos.Realmente marca un punto en la historia, un punto que no debe repertirse