sábado, 1 de noviembre de 2008

Nanas de la cebolla

Recuerdo muy bien el día en que leí mi primer poema de Miguel Hernández. Había acudido a una tienda de segunda mano, el típico lugar donde encontrar libros a precios irrisorios y donde hallar y comprar una buena obra a costa de toparse con nueve malas. Al fin y al cabo, es muy difícil acudir a un rastrillo con una idea preconcebida de qué comprar y, desgraciadamente, no todos poseemos un completo catálogo bibliográfico grabado en la mente.

El libro escrito por Miguel Hernández no llamó al principio mi atención. Semioculto por otros volúmenes, con las pastas blandas (era una edición de bolsillo) y las páginas no tan blancas como el día en el que el texto había sido impreso, había decenas de volúmenes bastante más atractivos. No sé por qué motivó me fijé en él y acabé por echarle un vistazo. Recuerdo que apenas leí un par de versos -los cuales no me llamaron lo más mínimo la atención- y que decidí llevármelo junto a una novela de Dostoiesvky. De esta manera tuve esa misma noche entre mis manos algunos de los más hermosos poemas que he conocido.

Nacido en el año 1910, Miguel Hernández estudió algunos años en Alicante, pero no pudo completar su formación, pues tuvo que comenzar a trabajar prontamente. Posteriormente se instaló en Madrid y, gran lector de la poesía española de prácticamente todos los períodos, trabó amistad con algunos escritores del momento, como Pablo Neruda. Conocido republicano y antisfascista, tras la guerra fue detenido, y a punto estuvo de recibir una condena a muerte. Falleció finalmente de tuberculosis en el año 1942, hallándose todavía en la cárcel.

Hoy me gustaría recordar con ustedes los versos de Nanas de la cebolla, poesía dedicada por Hernández a su hijo pequeño en los años de la posguerra, cuando el escritor se encontraa en prisión.

Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.

Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.

Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Les dejo un vídeo en el que podrán escuchar la versión musical de Serrat, también muy hermosa:

8 comentarios:

Yago dijo...

Hola, M@riel:

Te visito de nuevo. Muy bonito el poema y la canción.
Un beso :)

M@riel dijo...

Hola, Yago:
Me alegra que te haya gustado. Hasta el lunes; besitos.

El llano Galvín dijo...

Cuanto amor de padre y cuanto dolor por la separación. Nunca he sido muy amigo de los cantautores, pero he de reconocer que Serrat ha dado a conocer a todo el mundo un poema precioso. Un abrazo!!!

M@riel dijo...

La verdad es que yo conocí la canción de Serrat después de leer por primera vez el poema; igualmente me parece una manera excelente de dar a conocer un texto tan hermoso.
Un abrazo.

Annula dijo...

A ti eso de tener dos blogs te sabía a poco... ¿no? Jejeje, admiro mucho tu dedicación tan productiva en tus tres blogs, qué genialidad. Por supuesto esta entrada me encanta, pues soy amante de la poesía y también de los cantautores. Y desde luego Serrat es uno de los más grandes... yo no tengo muy claro si conocí antes el poema o la canción... no sé, no sé... jejeje, ¡saludetes!

Alhana dijo...

Mira que es el poeta local y nunca me gustó, en especial el poema que has puesto. No puedo soportar tanta miseria, saber que todo lo que cuenta sucedió aquí mismo me lleva a pensar que mi familia estuvo en la misma situación y me entristece en gran manera :(

Isabel Romana dijo...

Este es uno de esos poemas capaces de conmover a cualquiera. Fueron años muy duros, y la esposa de Hernández pasaba hambre. Por cierto, no se recoge en tus apuntes biográficos que fue pastor cuando era niño, era una persona sin formación pero con una vocación poética extraordinaria. Sus fuertes convicciones republicanas lo llevaron a la muerte. Si no conoces su poema "Vientos del pueblo", te recomiendo que lo busques y lo leas. Besitos.

M@riel dijo...

Hola, Annula:
Bueno, dos... tres, tampoco varía tanto el número, ¿no? jeje La verdad es que necesitaba un lugar donde volcar algunas cuestiones literarias. Un placer tenerte como lectora y comentarista. Un cordial saludo.

Hola, Alhana:
No me extraña que te haya entristecido y lamento realmente que estos versos te provoquen estos sentimientos. Un abrazo y gracias por la visita.

Hola, Isabel:
Éste es uno de los ragos que me fascinan de Hernández, que, aunque se vio obligado a abandonar sus estudios con bastante prontitud, nos ha dejado unas creaciones muy hermosas. Conozco el poema que citas, pero te agradezco sinceramente que me lo hayas recordado; la verdad es que se merece un post. Besos.