domingo, 8 de febrero de 2009

Las benévolas, de Jonathan Littell

Hace unas cuantas semanas concluí la lectura de esta novela, primer libro publicado del autor Jonathan Littel. El texto en cuestión ha sido toda una revolución en el mundo de los libros, con numerosas y posteriores reediciones, además de varios galardones.

En la novela, un nazi se decide a narrar, a modo de íntima reflexión y diario, buena parte de su existencia, refiriendo sin asomo de pudor o arrepentimiento todas las acciones -positivas o negativas- llevadas a cabo a lo largo de su vida. El título, Las benévolas, hace referencia a las erinias, monstruos mitológicos que acosan a aquellas personas culpables de un crimen de sangre (es el caso del protagonista de la novela) pero que, al final, como refiere Esquilo en una de sus obras, se convierten en las benévolas y abandonan la persecución.


Resulta difícil simpatizar con el protagonista; es precisamente la calma, la falta de sentimientos de culpa o de remordimientos con los que narra su historia lo que le convierte en un ser escalofriante. Una lectura fascinante, a ratos aterradora por mostrarnos uno de los más oscuros lados del alma humana.

Dejo un fragmento del prólogo, que quizá sirva a modo de introducción al estilo narrativo y tema de la novela:

"Vivía, tenía un pasado, un pasado cargado y gravoso, pero son cosas que suceden y lo llevaba a mi manera. Luego llegó la guerra; yo tenía jefes y me encontré en el núcleo de cosas horribles, de atrocidades. No había cambiado, seguía siendo el mismo hombre, no había resuelto problemas, aunque la guerra me creó problemas nuevos, aunque esos espantos me transformaron. Hay hombres para quienes la guerra, incluso el asesinato, es una solución, pero yo no soy de ésos; para mí, como para la mayoría de las personas, la guerra y el asesinato son una pregunta, una pregunta sin respuesta, porque cuando alguien grita en la oscuridad nadie contesta. Y una cosa trae la otra: empecé sirviendo; luego, por la presión de los acontecimientos, acabé por salirme de ese marco; pero todo esto va unido, unido de forma estrecha e íntima: e simposible decir que, si no hubiera habido guerra, y habría llegado de todas formas a extremos así. A lo mejor habría sucedido; pero a lo mejor no; a lo mejor habría dado con otra solución. No se puede saber. Exkhart escribió: Un ángel en el Infierno vuela en su propia nubecita del Paraíso. Siempre eentendí que lo contrario también debía de ser cierto, que un demonio en el Paraíso volaría en su propia nubecita del Infierno. Pero no creo ser un demonio. Para lo que hice, siempre hubo razones, buenas o malas, no lo sé; pero en cualquier caso, razones humanas. Los que matan son hombres, como también lo son los muertos; es lo terrible. Nunca podemos decir: no mataré nunca, es imposible; como mucho, podemos decir: espero no matar. Yo también lo esperaba; yo también quería vivir una vida buena y provechosa; ser un hombre entre los hombres, igual a los demás; yo también quería poner mi piedra en la palabra común. Pero no se cumplió esa esperanza, y utilizaron mi sinceridad para realizar una obra que resultó ser mala y malsana, y crucé las sombrías orillas, y toda esa maldad se metió en mi vida y no existe reparación posible, y nunca la habrá. Tampoco las palabras sirven para nada, desaparecen como agua en la arena, y esa arena me llena la cara. Vivo, hago lo que es factible, eso es lo que hace todo el mundo, soy un hombre como los demás, soy un hombre como vosotros. ¡Venga, si os digo que soy como vosotros!".

(1) Portada de Las benévolas.

3 comentarios:

El llano Galvín dijo...

Hola M@riel!!
Me ha gustado muchísimo el fragmento que has escogido, de hecho invita a leer el libro.
Yo ahora estoy con Juan José Saer y estoy pasmado ¡me encanta!, te lo recomiendo.
Un beso!!!

M@riel dijo...

Haré caso de tu recomendación; me han hablado del autor ya en otras ocasiones, así que en breves me decidiré a leer algo suyo.
Besos.

mika dijo...

Yo he leido la novela el año pasado y estoy esperando la publicación de la siguiente (creo que esta primavera;¿sabes algo?).Ahora tengo en mis manos "La hija del sepulturero" de Oates.¿La has leido?