viernes, 3 de julio de 2009

El viaje del elefante

La literatura de José Saramago nunca ha sido de mis favoritas. Si me piden una razón concreta, realmente me costaría dársela. No se debe a que no me guste ni a que no esté de acuerdo con su forma de escribir, sus ideas estéticas o sus ideas políticas. No. Se trata, quizá, de que nunca ha sido una de mis 'prioridades' literarias, aunque disfruto sinceramente con la lectura de sus obras. Es un escritor realmente fascinante, de esos que yo llamo de la buena literatura. Y, aunque sus libros a menudo entren en la lista de los más vendidos, están muy por encima de esa clase de best sellers cuya calidad es a menudo dudosa. Desde luego, Saramago es uno de los más importantes representantes de la literatura española del pasado siglo y de éste.

Recientemente ha publicado un nuevo libro, El viaje del elefante, una novela con interesante simbolismo, de lectura amena y agradable. Lo cierto es que la he devorado con bastante prontitud. El estilo del autor, así como el argumento, mueven a ello: es un libro que puede leerse con una cierta rapidez, pese a que hay párrafos y oraciones que el lector posiblemente deseará paladear con más lentitud.


La sinopsis, tal como aparece en la contraportada:

"El viaje épico de un elefante asiático llamado Salomón que, en el siglo XVI, tuvo que recorrer Europa por caprichos reales y absurdas estrategias.Un hecho real, ocurrido en la época de Maximiliano de Austria, que está en la Historia o, para ser más rigurosos en la pequeña historia, aunque intervengan personajes que tuvieron vida real en su día y que ahora vuelven a tener otra oportunidad al ponerse en manos de la brillante imaginación del escritor portugués.
Una novela coral llena de hombres y mujeres que entran y salen siguiendo los pasos del elefante y su cuidador y cruzándose para compartir perplejidades, esfuerzos o la armoniosa alegría de un techo. Una novela llena de compasión, ironía, sarcasmo, belleza en estado puro y humor, un humor con el que el Saramago nos permite penetrar en el laberinto de humanidades en conflicto sin tener que abjurar de nuestra condición indagadora de humano y de lector".

Una buena novela, en fin, para disfrutar este verano.

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