lunes, 28 de septiembre de 2009

La Balada de la Cárcel de Reading

Tras dos artículos que nada tenían que ver con el tema, vuelvo a mi empeño de tratar la figura de Oscar Wilde desde distintos ámbitos. Continúo, pues, con la obligada referencia a su obra poética, sabiendo muy bien que todavía resulta imprescindible un artículo de tema biográfico, así como al menos unos cuantos posts dedicados al teatro, al ensayo, a sus cartas y a su única y en su momento polémica novela El retrato de Dorian Gray. Tiempo al tiempo. Por lo de ahora, ocuparé este post en la referencia a los impresionantes versos de la Balada de la Cárcel de Reading.

A la hora de leer este texto, debemos tener siempre en cuenta que el Wilde que lo escribe ya no es el mismo que redactó sus anetriores obras. Los dos años pasados en prisión, realizando trabajos forzados y soportando unas condiciones de salubridad más que cuestionables, le marcaron de forma determinante. Unidos al escarnio que sufrió por parte de la puritana sociedad en la que vivía, provocaron un sustancial cambio psicológico en él, dejaron una huella indeleble y dolorosa, también en un plano físico. Apenas dos años después fallecería; la causa de esta muerte no está del todo clara, aunque se barajan enfermedades como pulmonía o meningitis, ésta última citada más frecuentemente.


La Balada de la Cárcel de Reading es una joya poética, publicada en su día bajo pseudónimo desde Francia. Por momento se aprecia un tono narrativo, de contador de historias. Son versos a menudo desgarradores por las situaciones que reflejan, por esa desesperación y ese dolor del preso confinado, pero al mismo tiempo hermosos, con todo el encanto lírico de la poesía de Wilde, subliminada en esta obra. Rica en metáforas y símbolos, todavía por momentos plagada de esteticistas detalles, ornada con hermosa adjetivación, aunque diferente a las obras anteriores.

Inicialmente había pensado en copiar algún fragmento considerable de esta Balada, pero después tuve a bien seleccionar algunas estrofas que me llamasen especialmente la atención. La primera de ellas, a modo de dato anecdótico, fueron los primeros versos (son quizá los más célebres) que leí de este poema.

"Y sin embargo, cada hombre mata lo que ama.
Que todos oigan esto:
unos lo hacen con mirada torva
otros con la palabra halagadora;
el cobarde lo hace con un beso,
con la espada el valiente".

"Y toda la aflicción lo conmoviera tanto
que soltó un grito amargo;
y los locos pesares, los sudores sangrientos
nadie los conocía como yo:
quien vive más de una vida
muere más de una muerte".

"Pero ni a la nívea rosa blanca ni a la roja
es permitido florecer en el aire de la prisión;
pedazos de loza, guijarros, pedernal
es lo que aquí nos dan:
pues sabido es que las flores pueden restañar
del desaliento al común de las gentes.

Por eso, jamás la rosa roja ni la blanca
caerá pétalo a pétalo
en ese barro, esa arena
junto al horrible muro de la cárcel,
para decir a quienes dan pesadamente vuelta por el patio
que el Hijo de Dios murió por todos".

Como complemento a esta obra, recomiendo la lectura de las os cartas de Wilde redactadas en esta época acerca de su experiencia en la cárcel, sugiriendo una serie de mejoras y preocupándose por distintos colectivos. En mi próximo post acerca de Wilde (no descarto la idea de redactar alguno sobre otro tema antes de éste) trataré los aspectos biográficos, y su relación con la obra.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La Balada de la Cárcel de Reading es mi poema favorito. Muchas gracias por colgarlo en tu blog. Cada vez que lo leo, se me paralizan los brazos de la tristeza que me transmite. Me alegra que alguien comparta mi afición a la literatura.
Besos.