miércoles, 4 de noviembre de 2009

La isla bajo el mar

Alguna vez he mencionado ya en este blog lo mucho que me gusta la literatura de Isabel Allende, escritora a la que conocí por una serie de publicaciones juveniles que leí hace ya años, tales como La ciudad de las bestias o El bosque de los pigmeos. Posteriormente tuve ocasión de devorar el resto de su bibliografía, dejándome esta realmente satisfecha.

No les sorprenderá, entonces, que en cuanto me sugirieron la lectura de su última novela, La isla bajo el mar, no necesité una repetición de la idea para llevarla a su consecución. El libro resultó para mí, cuanto menos, efímero, ya que en efecto lo leí demasiado rápido. Y es que Allende tiene un estilo ameno, que hace avanzar al lector por el sendero de sus páginas sin que éste se dé cuenta, tan fascinado como está con aquello que cuenta y con el modo en el que lo cuenta.


Si tuviese que poner un calificativo a La isla bajo el mar, no la llamaría novela histórica aún pese a que resulta indiscutible el hecho de que refleje un período y unos acontecimientos en la América de la época de la Revolución Francesa que, más o menos exactamente, tuvieron lugar. Lo que trasciende las novelas de Allende, lo que llega al lector y se impone con fuerza en sus páginas, no son los acontecimientos. Son los personajes, las personas, tan extraordinariamente humanos, que pueblan sus páginas. Un libro para emocionarse y sentir, no tanto para meditar acerca de cuestiones profundas.

Utilizadas en la campaña promocional, las palabras que componen el prólogo son ciertamente hermosas, literarias, sentidas, ricas y evocadoras. Dejo un pequeño fragmento:

"Golpeo el suelo con plantas de los pies y la vida me sube por las piernas, me recorre el esqueleto, se apodera de mí, me quita la desazón y me endulza la memoria. El mundo se estremece. El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares".

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