jueves, 10 de diciembre de 2009

Disculpe el señor

¿Qué nos dice la fecha que es posible leer sobre el título de esta entrada? 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. No es frecuente que yo reseñe una puntual efemérides en estos blogs, pero en este caso me parece sencillamente ineludible hacer la obligada mención.

Podemos dedicar, es cierto, unos instantes a congratularnos por la existencia de esta Declaración o por el esfuerzo puesto en aplicarla y cumplirla, pero nada estaríamos haciendo, realmente, si nuestra reflexión no estuviese orientada hacia otro lado, hacia ese mundo que a menudo nos sentimos tentados de creer lejano al nuestro en el cual estos Derechos son sólo un papel que muchos no conocen, más no saben leer e incluso más no cumplen ni exigen sean cumplidos.

¿Cómo no mirar si basta abrir encender la televisión, abrir el periódico, conectar la radio o entrar en cualquiera de los geniales diarios online, sean de profesionales o de los que se han sumado al fenómeno del periodismo ciudadano? Se habla -se escribe, y no olvidemos que Verba volat, scripta manet- de pobreza, de sostenibilidad, de explotación, de hambrunas, de guerras, de abusos, de extorsiones, de discriminación, de segregación religiosa, de homofobia, de xenofobia, de violencia de género, de fundamentalismos varios, de injusta repartición de la riqueza,...

Y, al hilo de pobreza y de repartición injusta de la riqueza, les dejo una canción sublime de Serrat. Ya he citado en numerosas ocasiones a este cantautor, en diferentes artículos de la bitácora, por lo que supongo ya conocen el modo en que me apasionan sus canciones. Ésta, en concreto, cumple su objetivo: mueve a la reflexión.

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