viernes, 27 de febrero de 2009

Maus

Recientemente (el miércoles pasado) tomé prestada en la biblioteca una novela gráfica de la que me habían hablado con una cierta frecuencia y que, según me había contado, era sumamente interesante. Por ese motivo -y a causa de un proyecto académico para el que podía resultar útil- no tardé en llevármela a casa.


Maus es un libro que no deja a nadie indiferente. Trata el tema del Holocausto de un modo fascinante y en apariencia inocente pero, por mucho que los judíos del cómic sean ratones y los alemanes, gatos, la tragedia humana se respira en las viñetas dibujadas en blanco y negro, y subyace sin tregua, a menudo oculta. Cuanta mayor es la magnitud de esta tragedia, cuando el escritor se basó en las vivencias de su propia familia.

En la novela gráfica se diferencian dos secuencias temporales: la primera, un presente en el que Art Spiegelman toma notas acerca de lo que su padre le explica sobre su experiencia como judío en las décadas de los 30-40 y la otra, estas explicaciones, plasmadas en forma de viñetas y evidentemente situadas en un momento pretérito.

La obra se divide en dos partes:
Mi padre sangra historia (de 1930 a 1944), a su vez dividida en seis capítulos.
Y aquí comenzaron mis problemas, dividida ésta en cinco capítulos.

Un fragmento de Maus:


Art Spiegelman recibió un premio Pulitzer gracias a esta impresionante obra. Al respecto de la misma, me han encantado las palabras de Umberto Eco que aparecen en la contraportada del libro, con las cuales cierto este artículo:

"Lo cierto es que Maus es un libro que no se puede dejar de leer, ni siquiera para ir a dormir. Cuando dos ratones habla de amor, te conmueven; cuando sufren, lloras. Poco a poco, a través de este pequeño cuento que incluye sufrimieno, humor y superar las pruebas de la vida cotidiana, quedas cautivado po el lenguaje de esta vieja familia del Este de Europa y atrapado por su ritmo gradual e hipnótico. Cuando terminas Maus te da pena haber abandonado este mundo mágico (suspiras por la secuela que te hará regresar...)".

lunes, 16 de febrero de 2009

Poesía y música en el Barroco

El otro día, viendo la película Farinelli, que explora el mundo de la ópera barroca al tiempo que hace un recorrido por la vida del célebre castrato, quedé muy sorprendida al pensar en la belleza literaria de algunos de los textos que conformaban las arias. Me parece fascinante este hecho, ya que, a menudo, cuando escuchamos una ópera o cualquier fragmento musical (por ejemplo, y también dentro del Barroco, un oratorio o una pasión), nos olvidamos por completo de la hermosura de los versos a los que la música da vida.

Por ello, hoy les dejo tres fragmentos, dos de ellos pertenecientes a óperas y otro a una pieza de música religiosa.

Es ist vollbracht, aria de La Pasión según san Juan, de Johan Sebastian Bach.

¡Todo se ha consumado!
¡Oh consuelo para el alma que sufre!
La noche del dolor
me deja contar las últimas horas.
El héroe de Judá
finalizó la batalla
y consiguió gran victoria



Tu se' morta, aria de Orfeo de Claudio Monteverdi.

Tu estás muerta, vida mía,
¿y yo sin embargo respiro?
Tú te has alejado de mí
para nunca más volver,
¿y yo permanezco?
No, porque si los versos
tienen algún poder,
yo iré decidido
al más profundo abismo
y ablandaré el corazón
del Rey de las Sombras,
yo te traeré
para ver las estrellas de nuevo.
Y s esto me fuera negado
por el malvado destino,
yo me quedaré contigo
en compañía de la muerte.
Adiós, tierra; adiós, cielo
y sol, adiós.



Y, por último, una de las más conmovedoras arias de la historia de la música, Lascia ch'io pianga, de la ópera Rinaldo, del célebre Haendel.

Deja que llore
Deja que llore mi cruel suerte
Y que suspire por la libertad
Y que suspire, y que suspire por la libertad
Deja que llore mi cruel suerte
Y que suspire por la libertad

domingo, 8 de febrero de 2009

Las benévolas, de Jonathan Littell

Hace unas cuantas semanas concluí la lectura de esta novela, primer libro publicado del autor Jonathan Littel. El texto en cuestión ha sido toda una revolución en el mundo de los libros, con numerosas y posteriores reediciones, además de varios galardones.

En la novela, un nazi se decide a narrar, a modo de íntima reflexión y diario, buena parte de su existencia, refiriendo sin asomo de pudor o arrepentimiento todas las acciones -positivas o negativas- llevadas a cabo a lo largo de su vida. El título, Las benévolas, hace referencia a las erinias, monstruos mitológicos que acosan a aquellas personas culpables de un crimen de sangre (es el caso del protagonista de la novela) pero que, al final, como refiere Esquilo en una de sus obras, se convierten en las benévolas y abandonan la persecución.


Resulta difícil simpatizar con el protagonista; es precisamente la calma, la falta de sentimientos de culpa o de remordimientos con los que narra su historia lo que le convierte en un ser escalofriante. Una lectura fascinante, a ratos aterradora por mostrarnos uno de los más oscuros lados del alma humana.

Dejo un fragmento del prólogo, que quizá sirva a modo de introducción al estilo narrativo y tema de la novela:

"Vivía, tenía un pasado, un pasado cargado y gravoso, pero son cosas que suceden y lo llevaba a mi manera. Luego llegó la guerra; yo tenía jefes y me encontré en el núcleo de cosas horribles, de atrocidades. No había cambiado, seguía siendo el mismo hombre, no había resuelto problemas, aunque la guerra me creó problemas nuevos, aunque esos espantos me transformaron. Hay hombres para quienes la guerra, incluso el asesinato, es una solución, pero yo no soy de ésos; para mí, como para la mayoría de las personas, la guerra y el asesinato son una pregunta, una pregunta sin respuesta, porque cuando alguien grita en la oscuridad nadie contesta. Y una cosa trae la otra: empecé sirviendo; luego, por la presión de los acontecimientos, acabé por salirme de ese marco; pero todo esto va unido, unido de forma estrecha e íntima: e simposible decir que, si no hubiera habido guerra, y habría llegado de todas formas a extremos así. A lo mejor habría sucedido; pero a lo mejor no; a lo mejor habría dado con otra solución. No se puede saber. Exkhart escribió: Un ángel en el Infierno vuela en su propia nubecita del Paraíso. Siempre eentendí que lo contrario también debía de ser cierto, que un demonio en el Paraíso volaría en su propia nubecita del Infierno. Pero no creo ser un demonio. Para lo que hice, siempre hubo razones, buenas o malas, no lo sé; pero en cualquier caso, razones humanas. Los que matan son hombres, como también lo son los muertos; es lo terrible. Nunca podemos decir: no mataré nunca, es imposible; como mucho, podemos decir: espero no matar. Yo también lo esperaba; yo también quería vivir una vida buena y provechosa; ser un hombre entre los hombres, igual a los demás; yo también quería poner mi piedra en la palabra común. Pero no se cumplió esa esperanza, y utilizaron mi sinceridad para realizar una obra que resultó ser mala y malsana, y crucé las sombrías orillas, y toda esa maldad se metió en mi vida y no existe reparación posible, y nunca la habrá. Tampoco las palabras sirven para nada, desaparecen como agua en la arena, y esa arena me llena la cara. Vivo, hago lo que es factible, eso es lo que hace todo el mundo, soy un hombre como los demás, soy un hombre como vosotros. ¡Venga, si os digo que soy como vosotros!".

(1) Portada de Las benévolas.