jueves, 15 de octubre de 2009

A un poeta muerto

Pretendía dedicar hoy el blog a la biografía de Oscar Wilde, como parte de esta serie de artículos que en estas semanas me he propuesto publicar sobre el célebre autor irlandés. Sin embargo, y con objeto de no convertir el blog en algo demasiado monotemático, intercalaré, además de la anterior publicación que hacía referencia a un célebre fragmento de Castelao, esta elegía a Lorca, de Luis Cernuda.


El estilo de Cernuda, uno de los grandes destacados de la Generación de 27, siempre me ha impresionado, con sus omnipresentes temas, tales como el amor o la soledad. Conocí su obra con Donde habite el olvido, ese libro publicado allá por mediados de la década de los años 30 y cuyo toque neorromántico siempre me ha fascinado. Hoy les dejo esta Elegía a un poeta muerto, una de mis favoritas junto a la que Miguel Hernández dedicó a Ramón Sijé. Resulta especialmente hermoso el tono de los versos, el sentimiento que transmiten ante la prematura muerte del joven Lorca, que se convierte en el héroe del poema, aunque injustamente muerto, nunca olvidado, y eterno en el recuerdo y en el arte.

Esta elegía, de poeta a poeta, de grande de la literatura a grande de la literatura, de ser humano a ser humano en ese imponente lenguaje que es el de las palabras que danzan sobre el papel y expresan mil pensamientos y emociones. Un poema para leer, releer y recordar. Un poema para reflexionar y deleitarse. Un poema, sin duda, imprescindible.

Dejo algunos extractos, además de un enlace al poema completo.

"Triste sino nacer
con algún don ilustre
aquí, donde los hombres
en su miseria sólo saben
el insulto, la mofa, el recelo profundo
ante aquel que ilumina las palabras opacas
por el oculto fuego originario.
La sal de nuestro mundo eras,
vivo estabas como un rayo de sol,
y ya es tan sólo tu recuerdo
quien yerra y pasa, acariciando
el muro de los cuerpos
con el dejo de las adormideras
que nuestros predecesores ingirieron
a orillas del olvido.
Si tu ángel acude a la memoria,
sombras son estos hombres
que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
la muerte se diría
más viva que la vida
porque tú estás con ella,
pasado el arco de tu vasto imperio,
poblándola de pájaros y hojas
con tu gracia y tu juventud incomparables".

"Para el poeta la muerte es la victoria;
un viento demoníaco le impulsa por la vida,
y si una fuerza ciega
sin comprensión de amor
transforma por un crimen
a ti, cantor, en héroe,
contempla en cambio, hermano,
cómo entre la tristeza y el desdén
un poder más magnánimo permite a tus amigos
en un rincón pudrirse libremente.
Tenga tu sombra paz,
busque otros valles,
un río donde del viento
se lleve los sonidos entre juncos
y lirios y el encanto
tan viejo de las aguas elocuentes,
en donde el eco como la gloria humana ruede,
como ella de remoto,
ajeno como ella y tan estéril.
Halle tu gran afán enajenado
el puro amor de un dios adolescente
entre el verdor de las rosas eternas;
porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
tras de tanto dolor y dejamiento,
con su propia grandeza nos advierte
de alguna mente creadora inmensa,
que concibe al poeta cual lengua de su gloria
y luego le consuela a través de la muerte".

Luis Cernuda no fue el único en dedicar una elegía al fallecido Lorca, sino que también Rafael Alberti, otro poeta de la Generación del 27, escribió un bellísimo poema: A un poeta que no tuvo su muerte.

jueves, 1 de octubre de 2009

Cruceiros

Cuando los turistas visitan Galicia, se llevan en la memoria un sinnúmero de rasgos más o menos típicos de este lugar y cultura, desde la gastronomía hasta el verdor de los montes, incluyendo las hermosas costas o las distintas fiestas. Añadamos algunos monumentos, así como las costumbres típicas de cada pueblo, la música y el baile popular, además de una pequeña semblanza de la propia lengua, el gallego. Dentro de todo esto, hay algo que a mí, como gallega, siempre me ha llamado la atención y gustado bastante. Se trata de los cruceiros, una clase de monumento cuyo nombre indica ya claramente su morfología. Está compuesto por una cruz de piedra, a menudo adornada con escenas religiosas. Aparecen en encrucijadas, zonas dedicadas al culto, etc.


Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, un muy famoso escritor gallego, redactó un texto sumamente hermoso, que pertenece a su obra Cousas.

"Onde hai un cruceiro houbo sempre un pecado, e cada cruceiro é unha oración de pedra que fixo baixar un perdón do Ceo, polo arrepentimento de quen o pagou e polo gran sentimento de quen o fixo.

¿Tendes reparado nos nosos cruceiros aldeáns? Pois reparade.

A Virxe das Angustias, enclavada no reverso de moitas cruces de pedra, non é a Piedá dos escultores; é a Piedade crea da polos canteiros.

Os nosos canteiros, deixándose levar polo sentimento, non podían maxinar un home no colo da nai.

Para os artistas canteiros Xesucristo sempre é pequeno, sempre é o Neno, porque é o Fillo, e os fillos sempre somos pequenos nos colos das nosas nais.

Reparade nos cruceiros e descubriredes moitos tesouros."

Aunque no soy amiga de las traducciones y prefiero leer los textos en su lengua original siempre y cuando me sea posible, veo importante colocar el fragmento también en castellano, aunque a mi parecer se entiende bastante bien en gallego. De todos modos, aquí lo tienen; no me negarán que, como ocurre a menudo con las traducciones, parte de la esencia, de la magia de las palabras, se pierde.

"Donde hay un cruceiro hubo siempre un pecado y cada cruceiro es una oración de piedra que hizo bajar un perdón del Cielo, por el arrepentimiento de quien lo pagó y por el sentimiento de quien lo hizo.

¿Os habéis fijado en los cruceiros, aldeanos? Pues fijaos.

La Virgen de las Angustias, enclavada en el reverso de abundantes cruces, no es la Piedad de muchos escultores; es la Piedad creada por los canteros.

Nuestros canteros, dejándose llevar por el sentimiento, no podían imaginar un niño en el regazo de su madre.

Para los artistas canteros Jesucristo siempre es pequeño, siempre es Niño, porque él es el Hijo, y los hijos siempre estamos en el regazo de nuestras madres.

Fijaos en los cruceiros y descubriréis muchos tesoros".

(I) Cruceiro situado cerca de la catedral de Lugo.

(II) Imagen que acompaña a este texto original en el original, por el autor.