viernes, 27 de noviembre de 2009

Yo fui

Creo haber escrito ya sobre el grandísimo poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda, al menos acerca de su poema a la muerte del igualmente célebre Federico García Lorca. Hoy pensaba postear una biografía de Oscar Wilde, pero me he dado cuenta de que, en apenas tres días (el 30 de noviembre) será el aniversario número 109 de su fallecimiento. Postergaré hasta entonces la publicación. Hoy, les dejo uno de mis poemas favoritos de Cernuda, que me causa una honda impresión. Atención a la adjetivación, al carácter de los versos y su forma, a la intencionalidad y al tono poético tan inspirador, tan evocador, que al menos en mí provoca una mezcla de reflexión y sentimiento.


Yo fui.

Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.

Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra
caí en lo negro, en el mundo insaciable.

He sido.

[Extracto de su libro publicado a mediados de los años treinta Donde habite el olvido]

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Mushishi

Llevaba ya tiempo barajando la idea de referirme en este blog a un tema tan interesante como es el del manga, o cómic japonés, debido a que creo haber mencionado ya algún cómic europeo, como puede ser Maus. Me parece esencial hablar de estos géneros dentro de un blog dedicado al mundo de los libros, debido a la profusión de creatividad y al simple hecho comunicativo que un cómic supone. Para grandes y pequeños, la historieta, venga de Japón o de la esquina opuesta de nuestro planisferio, es siempre una aproximación fascinante y rica al mundo de lo escrito y lo dibujado.

Escribía, pues, que tenía la intención de mencionar el manga en esta bitácora. La cuestión era cómo hacerlo. No me parece propio realizar una colección de artículos monotemáticos -idea que estoy desarrollando, como saben, en lo que a Oscar Wilde se refiere-, llenos de palabras extrañas y de distintos conceptos, tal cual si fuesen una guía para el lector desprevenido. No. Para ello, este blog debería tener otro título, más específico. Por tanto, he tomado la decisión de mencionar algunos mangas que me llamen especialmente la atención y que crea puedan llamársela a ustedes, simplemente. Nada de introducciones largas, clasificación por géneros que ni los críticos tienen demasiado claras, palabras en una lengua para muchos de nosotros desconocida. Accesible, sencillo y, por supuesto, parcial. Soy subjetiva a la hora de llevar este blog y de seleccionar obras; por fortuna, también soy consciente de ello.

Reseñaré hoy un manga que inicialmente no llamó mi atención, titulado Mushishi, guión y dibujo a cargo de la mangaka (autor/a de cómics manga, como indica la palabra) Yuki Urushibara. Realmente no estaba demasiado animada a leerlo, pero, en cuanto lo empecé, no pude dejarlo hasta llegar al tomo ocho. No se debe esto a que el argumento en sí sea espectacular. Ameno, ciertamente, pero no se trata de algo genial en lo que a narrativa se refiere. Lo que impacta del manga en cuestión son ciertos detalles particulares, así como filosofía y recursos poéticos empleados, además del excelente dibujo que nos transporta a otro lugar y otra época. ¿Existente o imaginada? Realmente no importa.


El argumento, como les decía, resulta bastante sencillo. 'Mushi', en japonés, significa 'insecto', 'bicho',... o al menos alude a esta idea, siendo esto lo más cercano que en castellano tenemos. Sin embargo, no sería adecuado ni exacto pensar que el concepto de 'mushi' común es adecuado para interpretar los 'insectos' que aparecen en este cómic. Hablamos de unos seres inexistentes, fantásticos, etéreos, una suerte de criaturas al margen de animales y plantas que tanto favorecen como desfavorecen a los seres humanos. Generalmente tanto ellos como sus acciones se escapan al conocimiento y entendimiento de las personas. ¿Ciencia ficción? No, la impresión general en el lector es muy diferente. Los 'mushi' no adquieren una categoría al estilo de los 'aliens', sino al del animal mitológico o a aquel que surge de un sortilegio. Existe más mística y abstracción que ficción pura o terror en Mushishi.

Por tanto, y hecha la aclaración lingüística, el manga se centra en las aventuras de Ginko, un maestro de insectos, o 'mushishi'. Se trata de un sujeto que recorre el Japón rural de principios del siglo XX, visto desde una óptica naturalista, espiritual y quizá idealizada, estudiando a los mushi y solucionando los diversos problemas que estos causan, cuando es preciso. Las historias independientes -cada tomo se compone de varias de ellas unidas por un hilo conductor- se erigen como pequeñas obras artísticas, que conjugan a la perfección una serie de ingredientes para convertirse en suculento plato.

No es necesario ser un gran aficionado al manga para disfrutarlas, ni tan siquiera tener el más mínimo conocimiento de esta clase de cómics. Les animo, con toda sinceridad, a echar un vistazo a este concreto manga, en especial a algunos fragmentos en particular. Estoy convencida de que no les decepcionará.

A través de las páginas de Mushishi, el lector se asoma a un mundo muy diferente del suyo, en el que la realidad se da la mano con la más pura y hermosa ficción, en una simbiosis cuanto menos impresionante. De este modo, con un pie en el reino de lo imaginado y con otro en la realidad, puede uno aventurarse en este fascinante cómic. Bello en lo que a lo puramente artístico se refiere, a veces extraordinariamente imaginativo, siempre muy humano. Extraordinariamente humano; las personas, sus sentimientos, sus imperfectas acciones en un círculo de perfectos acontecimientos son tema recurrente.

Para no dejar incompleto este artículo, comentaré que existe una versión en anime -es decir, una versión animada, en serie- del manga en cuestión. Con muy semejante estructura al cómic, aunque omitiendo algunas partes, se estructura en veintiséis capítulos. Pueden encontrarse con facilidad, subtitulados en español. Además, existe una película live action, una versión realizada con actores de carne y hueso. Una parte de la banda sonora del anime, la que se corresponde con el inicio/introducción (es decir, el opening, en oposición al ending) es bastante conocido y resulta muy hermoso.

(I) Imagen de un Artbook en torno a Mushishi.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La isla bajo el mar

Alguna vez he mencionado ya en este blog lo mucho que me gusta la literatura de Isabel Allende, escritora a la que conocí por una serie de publicaciones juveniles que leí hace ya años, tales como La ciudad de las bestias o El bosque de los pigmeos. Posteriormente tuve ocasión de devorar el resto de su bibliografía, dejándome esta realmente satisfecha.

No les sorprenderá, entonces, que en cuanto me sugirieron la lectura de su última novela, La isla bajo el mar, no necesité una repetición de la idea para llevarla a su consecución. El libro resultó para mí, cuanto menos, efímero, ya que en efecto lo leí demasiado rápido. Y es que Allende tiene un estilo ameno, que hace avanzar al lector por el sendero de sus páginas sin que éste se dé cuenta, tan fascinado como está con aquello que cuenta y con el modo en el que lo cuenta.


Si tuviese que poner un calificativo a La isla bajo el mar, no la llamaría novela histórica aún pese a que resulta indiscutible el hecho de que refleje un período y unos acontecimientos en la América de la época de la Revolución Francesa que, más o menos exactamente, tuvieron lugar. Lo que trasciende las novelas de Allende, lo que llega al lector y se impone con fuerza en sus páginas, no son los acontecimientos. Son los personajes, las personas, tan extraordinariamente humanos, que pueblan sus páginas. Un libro para emocionarse y sentir, no tanto para meditar acerca de cuestiones profundas.

Utilizadas en la campaña promocional, las palabras que componen el prólogo son ciertamente hermosas, literarias, sentidas, ricas y evocadoras. Dejo un pequeño fragmento:

"Golpeo el suelo con plantas de los pies y la vida me sube por las piernas, me recorre el esqueleto, se apodera de mí, me quita la desazón y me endulza la memoria. El mundo se estremece. El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude la tierra, me atraviesa como un relámpago y se va al cielo llevándose mis pesares".