viernes, 23 de abril de 2010

A las cinco de la tarde

Siempre he afirmado que la literatura, como todo arte, no está aislada, perdida en un mar de creación yerma, sino que queda frecuentemente vinculada al mundo de la música, del cine, incluso de la fotografía. Y así, esta mañana, al regresar por puro azar a una preciosa película sobre Federico García Lorca, aquella titulada Muerte en Granada, no pude evitar emocionarme hasta las lágrimas con los primeros segundos de ésta. Contienen una superposición de pequeñas secuencias relacionadas con la Guerra Civil y de otras en las que el actor que interpreta a García Lorca recita de emotivo modo un bellísimo fragmento lorquiano (extraído de su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías), con música igualmente preciosa como fondo.

La cojida y la muerte

A las cinco de la tarde
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!


lunes, 5 de abril de 2010

La saeta

Se ha terminado ya esta Semana Santa del año 2010, período relevante a nivel religioso y litúrgico para aquellos que se consideren creyentes y, de igual modo, culturalmente significativo por la repercusión e influencia que ha tenido y tiene en nuestra cultura y sociedad. Por ello, no quería dejar pasar estas fechas sin incluir en este blog de literatura -siendo para mí la literatura espejo hermosamente distorsionado, que a veces se muestra exacto, además de cristal transparente- el hermoso poema de Machado cantado por Serrat. Me acuerdo de estos versos y esta música cada vez que, en un informativo, retransmiten imágenes de alguna de esas magnas procesiones andaluzas que son vividas con tanta devoción. Dejando de lado ausencia o presencia de creencias religiosas, lo cierto es que los versos y su significado son sumamente hermosos.

La saeta
Dijo una voz popular
¿Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fé de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a este Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!